Y atisbando detrás de la persiana de madera, veíamos pasar a muchos conocidos. Algunos iban por la acera de enfrente. Por la de mi casa vimos grupos de amigos, el general Morla, el Saca-mantecas y Jacinto Villalonga, que andaban a buen paso y no pararían hasta el Hipódromo. «Mira la ordinaria de Medina -me dijo Eloísa, llamándome la atención hacia su hermana, que pasó con su marido-. ¡Qué gorda se está poniendo! Han dejado el carruaje en la casa de Murga, y no podrá ir más allá de la Biblioteca. Vimos también a Pepito Trastamara en un cochecillo que parecía una araña, y él era otra araña. Fuera de los caballos, que tenían aire de nobleza, y del lacayo, que era un hombre, todo lo demás era risible, grotesco. Chapa apareció en el coche de Casa-Bojío, y Severiano a caballo. Poco antes había pasado su señora, que era legalmente señora de otro. ¡Qué lejos estaban todos de sospechar que les mirábamos desde aquella escondida atalaya, que nos reíamos de ellos y que los compadecíamos por no ser libres y felices como lo éramos nosotros!

Lo prohibido

Address & Contact

GPS:

40.446621, -3.6918896

Obtener ruta